
La extracción quirúrgica de la venas varicosas está siendo sustituida por nuevos métodos de tratamiento menos agresivos que evitan que el paciente tenga que ingresar en el hospital y hacer reposo absoluto.
No entienden de sexos aunque afectan más a las mujeres, son antiestéticas y producen un malestar continuo en forma de picores y pesadez de piernas. Aunque no llegan, en general, a ser una patología, requieren de cuidados inmediatos para que no degeneren en enfermedades relacionadas con un mal funcionamiento del sistema circulatorio, como flebitis o trombosis. Las venas varicosas, más conocidas como varices, se pueden tratar a través de nuevas técnicas quirúrgicas, menos radicales e invasivas respecto a las aplicadas hasta ahora, que se basaban en su extirpación mediante la cirugía clásica.
La manifestación más habitual de estas venas es su dilatación permanente, haciéndose gruesas, desiguales y sobreelevadas en la piel de las piernas. No obstante, hay otras representaciones clínicas varicosas como las telangiectasias, conocidas como arañas vasculares -dilataciones de pequeños vasos sanguíneos o capilares-, varices con edema (acumulación de líquido), cambios de coloración e, incluso, úlceras cutáneas. Y aunque en algunos casos son asintomáticas, pueden advertir del mal funcionamiento del sistema circulatorio.
Entre los factores de riesgo más comunes que se han detectado destacan los siguientes: edad avanzada, permanecer de pie de forma prolongada, sobrepeso, obesidad y embarazo. Estas situaciones contribuyen al mal funcionamiento de las válvulas venosas y a que éstas provoquen un fallo de la circulación de retorno; la sangre encuentra dificultades para vencer la fuerza de la gravedad y ascender desde las piernas hacia el corazón. Es entonces cuando se estanca y da como resultado las antiestéticas y molestas varices.
Alrededor del 50% de los afectados no necesitan operarse porque la aparición de varices no supone un riesgo grave para su salud. El angiólogo y cirujano vascular son los especialistas indicados para determinar el tipo de varices que sólo representan un problema estético y las que han de operarse de acuerdo a los diversos síntomas -picor, calambres, hinchazón y pesadez, molestias o dolor y piernas cansadas- o bien para evitar futuras complicaciones, como la flebitis -inflamación de la pared de una vena que puede dar origen a un trombo- y la trombosis -formación de un trombo o coágulo en el interior de un vaso sanguíneo.
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