
Llevar aparatos en los dientes para lucir una sonrisa bonita ya no es patrimonio de niños y adolescentes.
Un niño de 8 años, una joven de 20, un hombre de 34, otro de 43 y una mujer que supera los 50. Esta es la radiografía actual de la sala de espera de un dentista. El diagnóstico es el mismo para todos: dientes torcidos hacia dentro, hacia fuera, desgastados, mandíbulas desencajadas… El tratamiento también es idéntico: ortodoncia. Esta elección, que hasta hace pocos años se ceñía sobre todo a niños y jóvenes que rara vez superaban la mayoría de edad, se ha extendido entre una población más mayor, hasta el punto de que en los últimos cinco años la ortodoncia en adultos se ha triplicado, de modo que el 35% de ellas se realiza en pacientes mayores de 18 años, principalmente en edades comprendidas entre los 25 y 45 años, según la Sociedad Española de Ortodoncia Invisible. El fin no es otro que lucir una sonrisa bonita y una boca saludable, por este orden, tal y como revela la última encuesta realizada por esta organización (el 70% asegura que se sometería a uno de estos tratamientos para mejorar el aspecto de su sonrisa).
No es una cuestión de edad
Los últimos avances tecnológicos han hecho posible la aplicación de los más sofisticados tipos de ortodoncia sin límite de edad. Aunque la mayor parte de ortodoncias colocadas se concentran en personas con edades comprendidas entre los 25 y los 45 años, también hay quienes con 50 y 60 años recurren a ellas. Pese a que en muchos casos la edad apropiada para iniciar el tratamiento se sitúa entre los 12 y los 15 años (cuando la dentición ya es completa), hay que visitar al ortodoncista por primera vez a partir de los 7 años, salvo que se haya detectado con anterioridad a esta edad un problema dental. El correcto desarrollo de la boca depende de múltiples factores como la alimentación, los hábitos y la herencia genética. Ante cualquier problema dental que surja durante la etapa de crecimiento, sólo un tratamiento precoz evitará daños irreversibles que puedan aparecer en un futuro.
Éste es, precisamente, uno de los principales problemas a los que se enfrentan los adultos que, finalizado su periodo de crecimiento, es imposible cambiar la forma, el tamaño de los huesos de la boca y la parte inferior de la cara. También contribuyen a empeorar su salud dental los dientes perdidos desde hace mucho tiempo y las enfermedades localizadas en las encías como consecuencia de otros tratamientos dentales realizados en el pasado. En definitiva, la mayoría acude al dentista con la intención de lucir una dentadura bien encajada, mostrar una sonrisa atractiva y un rostro armónico. Conseguirlo no sólo recompensa con una buena salud dental y bucal, sino psíquica, ya la autoestima es mayor.
Si bien las razones estéticas son las que más pesan en la decisión de llevar una ortodoncia durante un largo tiempo, éstas no son las únicas que animan a elegir este tratamiento. Las técnicas ortodóncicas pueden subsanar problemas de salud, como la patología de mandíbula corta, que facilita la aparición del ronquido y la apnea del sueño, además de dificultar una posible intubación orotraqueal. En estos casos, está especialmente indicado realizar un alargamiento mandibular combinando ortodoncia y cirugía.
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