
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad inflamatoria de causa desconocida, que afecta fundamentalmente a las articulaciones -preferentemente de manos, rodillas, columna cervical- y con participación del sistema inmunológico. Se trata de una enfermedad de evolución crónica, con curso y duración variables, que además se acompaña de otros síntomas extra-articulares. En la fase final de la artritis reumatoide las articulaciones se deforman y se pierde la capacidad de llevar a cabo acciones cotidianas. Se estima que entre el 1% y el 2% de la población padece artritis reumatoide, es, por tanto, una enfermedad muy frecuente. Las mujeres la sufren más que los hombres, en una proporción de tres a uno, y se inicia preferentemente entre los 25 y los 50 años, si bien su prevalencia aumenta con la edad y entre los mayores de 65 años llega a ser del 12%. No tiene predilección por raza alguna, ni relación con áreas geográficas o condiciones climáticas. Nos encontramos, por tanto, ante una afección universal.
Cabe señalar que una forma artritis que aparece a edades muy tempranas y que se ha denominado de diversas formas, como artritis reumatoide juvenil o artritis crónica juvenil, una forma de artritis en los niños que ofrece muchas variantes, con un proceso distinto del adulto y que sería más correcto denominar artritis idiopática juvenil, que requiere un diagnóstico lo más precoz posible para establecer el tratamiento oportuno.
Causa desconocida
Desde hace más de medio siglo se intenta identificar alguna bacteria o virus que sea el causante, pero no se ha demostrado que un agente infeccioso intervenga en la enfermedad. Se sabe que, dentro del proceso inflamatorio de caracteriza la artritis reumatoide, participa el sistema inmunológico. La inflamación de la sinovia, membrana que recubre las articulaciones por dentro y que segrega el líquido que lubrica las superficies articulares, caracteriza a la enfermedad. Esta membrana sinovial sufre un proceso inflamatorio y como consecuencia se forma un tejido de granulación llamado pannus, que invade la articulación y afecta al cartílago, ligamentos, tendones y estructuras óseas. Paulatinamente se va destruyendo y deformando la articulación. A la larga, además de la sintomatología, en ocasiones muy dolorosa, aparecen la incapacidad funcional y se pierde movilidad articular. El síntoma más habitual es la rigidez matutina de las articulaciones afectadas, especialmente de las manos, que se prolonga al menos una hora y desaparece de forma espontánea.
Tratamiento
Ante la sospecha de que se padece la enfermedad hay que efectuar un estudio radiográfico y un análisis de sangre con determinaciones de inmunoglobulinas, factores reumatoideos y autoanticuerpos. Es fundamental realizar el diagnóstico correcto lo más pronto posible para establecer rápidamente el tratamiento y frenar en la medida de lo posible el avance de la enfermedad.
La evolución de la enfermedad es muy variable, con épocas más llevaderas que alternan con otras de sintomatología florida en forma de brotes. El tratamiento tiene como finalidad aliviar el dolor, disminuir la inflamación articular y, lo más importante, mantener o restablecer la función articular y prevenir la destrucción ósea y del cartílago. El tratamiento debe ser individualizado, pues en cada paciente las manifestaciones de la enfermedad son distintas.
El tratamiento sintomático para controlar la inflamación y el dolor se realiza mediante antiinflamatorios. El tratamiento específico, a base de cloroquinas, sales de oro, metotrexate, sulfasalazina y otros fármacos, presenta riesgos y beneficios y debe ser siempre administrado bajo control especializado. Resultan imprescindibles las medidas para preservar la función e integridad articular y del sistema músculo-esquelético en general. La fisioterapia y la rehabilitación constituyen dos interesantes opciones. Algunos especialistas recomiendan realizar actividades acuáticas terapéuticas, ejercicios en el agua practicados en una piscina climatizada, adecuados no sólo para la artritis reumatoide sino para todas las enfermedades reumáticas.
* Artritis de más de tres o más zonas articulares: las más afectadas son rodillas, codos, hombros y tobillos.
* Artritis simétrica, es decir, afectación simultánea de las mismas zonas en las dos mitades corporales.
* Artritis de las manos. Con el paso del tiempo las manos se van deformando, los músculos se van atrofiando y, al final, la anquilosis (pérdida total de la movilidad) de las articulaciones es el resultado en los casos más graves.
Pero además de estas manifestaciones articulares, hay otras extra-articulares:
* Los nódulos reumatoideos, presentes en el 25% de los casos, son nódulos situados debajo de la piel sobre prominencias óseas.
* La afectación cardiaca en forma de pericarditis se da en el 30-40% de los casos.
* A nivel pulmonar puede haber pleuritis, fibrosis pulmonar, obstrucción de las vías aéreas, nódulos pulmonares.
* También los ojos pueden afectarse y aparece la inflamación de la cornea y de la conjuntivitis (queratoconjuntivitis seca)
Fuente: http://revista.consumer.es/web/es/20021101/salud/53603.php
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