La moda de la piel marcada puede ocasionar enfermedades, infecciones y alergias
Decorar el cuerpo con dibujos elaborados y atractivos se ha convertido en moda. El conocido como body art, lenguaje del cuerpo, constituye un estilo de vida, una forma de diferenciarse para miles de jóvenes en todo el mundo. Sin embargo, el tatuaje es, al mismo tiempo, una agresión al organismo. La higiene de los materiales empleados es esencial para evitar infecciones transmitidas por la sangre, tales como el virus del sida o la hepatitis C. Antes de acudir a algún profesional que realice este tipo de técnicas artísticas, conviene conocer algunas normas y los problemas que puede ocasionar llevar una piel marcada.
Una técnica pesada
Aunque el resultado final sea del gusto del cliente, la técnica del tatuaje esconde detrás una compleja fase de elaboración. Desde la Asociación de Tatuadores Profesionales (ATAP), se recomienda que antes de que el artista comience su trabajo, el cliente tenga la piel limpia e hidratada.
El proceso de tatuarse la piel consta de tres fases:
1. El pinchazo: con una máquina de inyección de tinta se introduce un pigmento dentro de la piel a través de unas agujas muy finas, que efectúan unos pequeños agujeros sobre la dermis.
2. El dolor: cuando la aguja penetra en la piel, se produce una pequeña herida que comienza a sangrar. El dolor dependerá de cada persona y de la zona donde se produzca el pinchazo. Los lugares más sensibles son los que contienen una mayor densidad de hueso y de terminaciones nerviosas, como por ejemplo: la cabeza, el omoplato, la columna vertebral y el cóxis. Otro factor determinante es la pericia del artista, la forma en que utilice el instrumental.
3. Los cuidados: quizás sea la fase más delicada, porque de su seguimiento dependerán las consecuencias del tatuaje sobre la piel, además de la permanencia del dibujo. La dermis debe mantenerse siempre húmeda y para ello se aplica una capa de vaselina. Posteriormente, se tapa con un vendaje durante 4 ó 5 horas la zona tatuada y se deja cicatrizar la herida. Pasados unos días, normalmente una semana, se limpia bien y se aplica una crema regeneradora durante cuatro o cinco días. Es importante recordar que el dibujo original puede perder su nitidez original debido a la exposición al sol.
Una moda en evolución

Brazos, espalda, ombligo, tobillos, zonas genitales… Cualquier parte del cuerpo se puede decorar con un tatuaje, sea una rosa, un brazalete, una hada, una geisha, un diablo o incluso la cara de la pareja. “Hace cuatro años los que se llevaban eran los dibujos con motivos tribales, la simbología celta y japonesa, la corriente old school (marineros) y los góticos (calaveras y demonios)”, cuentan desde la Asociación de Tatuadores Profesionales (ATAP), con sede en Cataluña. Sin embargo, como todas las modas, el tatuaje ha ido evolucionando y el cliente “tiene hoy en día gustos muy personales”, añade.
Problemas para la salud
Llevar el cuerpo tatuado o agujereado en los sitios más inverosímiles es sinónimo de estar a la última, más que una seña de identidad. Sin embargo, la moda marca, pero no advierte de los posibles consecuencias. Un tatuaje puede provocar un serio disgusto para la salud. “El riesgo es menor comparado por ejemplo con el alcohol, pero sí puede constituir una fuente de problemas”, afirma el doctor Díaz, jefe de la Unidad de Dermatología del Hospital de Cruces, en Bilbao.
Los tatuajes, más que efectos, producen una serie de complicaciones en la piel. Entre ellas, “la más común, frecuente y problemática es la infección”, señala el especialista. Uno de los mayores problemas es la posibilidad de transmisión de enfermedades víricas, como hepatitis B y C. Aunque depende del material que se utilice y de las condiciones de esterilización con que se haga el tatuaje, matiza el dermatólogo. También condiciona el lugar geográfico donde se realice este tipo de técnicas. “En la actualidad, en países como India y Pakistán la principal fuente de transmisión de la hepatitis B y C son los tatuajes”, agrega el doctor Díaz.
Otra de las consecuencias de llevar una piel marcada son las reacciones alérgicas que produce el organismo, cuando se le inyectan determinadas sustancias. Es el caso de tintes y pigmentos como:
* el sulfato rojo de mercurio, que da el color rojo
* metales como el níquel o el cromo, para tatuajes de color verde
* el cadmio, para el tono amarillo
* sales de cobalto, en dibujos de colores azules
* óxido de hierro, en tonos ocres
* y conviene tener especial cuidado con los colores blanco y beige, que llevan en su composición óxido de titanio y de zinc.
En estos casos, “la piel reacciona a cuerpos extraños y se producen una serie de bultos en la piel”, explica el doctor Díaz. Asimismo, “ante los pinchazos, se pueden desarrollar cicatrices muy abultadas en la zona del tatuaje”, añade el especialista.
Por otra parte, además de los problemas físicos que puede producir llevar estas marcas, existe un componente social que conviene considerar: el rechazo del tatuaje. Con el tiempo, mucha gente se cansa de llevarlo, porque, tal y como explica el doctor Díaz, “con el paso de los años, el dibujo tiende a difuminarse y deja de ser tan bonito y preciso. Así pues, uno de los problemas más comunes es querer deshacerse del tatuaje”. Aunque el rostro del amado/a, fielmente reproducido de una fotografía, constituye el último grito, “cada vez más la gente se deja aconsejar por el estilo del tatuador”, señalan desde la asociación de tatuadores profesionales, que cuenta con alrededor de 1.500 socios en toda España.
Paralelamente a la transformación de estilos, han ido cambiando los tipos de materiales utilizados para realizar los dibujos. Hace cuatro años se empleaban tinturas exclusivamente de color negro para hacer los tatuajes, con un tiempo máximo de permanencia en la piel de unos cinco años. “El resultado no fue nada satisfactorio, porque pasados esos cinco años la piel no absorbía la tinta y dejaba manchas. Por eso, hoy en día casi nadie utiliza lo que se conoce como tatuajes temporales”, explican desde la asociación.
A pesar de que el sector no está regulado, la Unión Europea exige que los pigmentos que se introducen en la piel sean de una cierta calidad y no contengan materiales pesados, informan desde la ATAP. En este sentido hay artistas que utilizan agua de rosas para sus dibujos y las tintas se diluyen más o menos, dependiendo si se quiere aplicar sombras o brillos en las figuras.
Asimismo, tampoco hay una norma para las tarifas que cobran los artistas. “El precio depende del profesional, del tipo de dibujo, de las sesiones empleadas y de la dificultad del tatuaje”, afirma el portavoz de la citada asociación.
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